#5. Quédate quieto: Por qué no hacer nada es la estrategia de fe más difícil (y efectiva) en algunos momentos
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Notas del Episodio (Resumen Breve):
¿Qué haces cuando todo a tu alrededor todo se desmorona y tu primer instinto es correr? A través de la impactante historia bíblica del rey Josafat y un poderoso testimonio, descubriremos que en ocasiones el quedarse quieto no es pasividad, sino una profunda acción de fe y obediencia.
Pasajes bíblicos clave: 2 Crónicas 20:17 | Génesis 21:14-19 | Salmos 46:10
La confianza en Dios es clave
Si le preguntáramos a Dios qué hacer en medio de una situación difícil, tal vez él nos diría: quédate quieto.
No me crees, ¿verdad? Hay algunos pasajes en la Biblia donde las personas estaban en situaciones adversas o de peligro, y esa fue la instrucción que recibieron. Y yo también, en medio de una situación muy difícil, recibí esa orden de no hacer nada, solo esperar. Pero antes de hablar de eso, te voy a contar la historia de un rey llamado Josafat. Un día él estaba muy tranquilo en su palacio y llegaron algunos mensajeros a decirle que del otro lado del Mar Muerto venía un ejército muy grande contra él.
La Humildad de Josafat y la Estrategia de la Quietud
Por supuesto que el rey se llenó de miedo y en medio de su situación tomó la decisión de consultar a Dios sobre lo que debía hacer. En poco tiempo, todo el pueblo se reunió con él en ayuno y oración para conocer la respuesta de parte de Dios y saber qué acción debían tomar.
El rey, en su oración, expresa una frase muy interesante, la cual me llamó poderosamente la atención, y es que él le dice a Dios: En nosotros no hay fuerza para hacerle frente a esta multitud que viene contra nosotros.
Esto me habla de humildad, de reconocer que él no podía hacer nada y que solo Dios podía ayudarle en una situación tan desesperada.
La respuesta de Dios no se hizo esperar y le dijo al rey y al pueblo a través de un profeta lo siguiente: no tengan miedo, no se asusten, vayan mañana contra ellos, bajen ustedes a atacarlos, pero cuidado, esta guerra es mía, no de ustedes. Así que vayan Pero no van a pelear. Y me imagino que el rey y todos los demás dirían: ¿Cómo es esto? ¿No vamos a pelear? Y Dios les dijo: tomen sus posiciones y quédense quietos.
Dice 2 Crónicas 20:17: no habrá para que peleéis vosotros en este caso, Paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros.
Quédate quieto, ponte en esa posición. Viene un gran ejército contra ti y todo lo que vas a hacer es estar quieto. ¿Crees que podrías hacerlo? Es una locura, pero ellos lo hicieron. Continúa la historia diciendo que fueron Y en medio de su estar quietos comenzaron a cantar a Dios.
Ya me vas a decir que se volvieron locos, pero no, estaban tan seguros de que Dios definitivamente pelearía por ellos que decidieron alabarlo mientras observaban la pelea. Y en efecto, dice que Dios creó confusión en medio de este gran ejército y se mataron unos a otros. Y cuando llegó Josafat con el pueblo, lo que vieron en el campo fue solo cadáveres.
No tuvieron que pelear, solo creer. Me puedes decir que es una historia, que a lo mejor no sucedió, pero ¿recuerdas que te dije que a mí me pasó lo mismo? No lo del ejército, sino tener que quedarme quieta cuando todo mi ser me decía: tienes que hacer algo y tienes que hacerlo ya.
Cuando el Instinto Humano se Rinde Ante la Palabra Divina
Ahora sí, aquí te va mi historia. Recuerdo que era de noche y mi pequeña hija de 2 años estaba muy enferma. Tenía dificultad respiratoria, una deshidratación severa, taquicardia, entre otras cosas, y se había puesto así en muy poco tiempo. Yo estaba preparando todo para ir nuevamente al hospital. Del que acabábamos de salir hacía solo 13 días.
Mientras corría de un lado para otro por la casa preparando los informes médicos y la maleta con la ropa, mi esposo, cual profeta, me dice: Dios me dijo que no la llevemos al hospital. En ese momento lo primero que pensé fue: ¿Qué vamos a esperar? La niña estaba muy mal, ya no se despertaba, se quejaba. Tenía fiebre. Era desesperante verla así.
Estaba acostada en nuestra cama y orábamos por ella, pero yo no podía estar cerca de ella viéndola así. Para mí era como estar a su lado mientras ella agonizaba.
Por supuesto que no me quedé quieta, seguía haciendo lo mío. Mi esposo me pedía que me quedara con él al lado de mi hija, pero yo no podía. No tenía fuerzas para hacerlo. Prefería caminar de un lado para otro organizando papeles para no pensar en lo que estaba pasando, hasta que le dije al Señor lo que no podía decirle a mi esposo: no quiero estar allí cuando la niña muera. En ese momento, Dios trajo a mi mente la siguiente porción de la Biblia: Entonces Abraham se levantó muy de mañana y tomó pan y un odre de agua, y lo dio a Agar, poniéndole sobre su hombro, y le entregó el muchacho, y la despidió.
Y ella salió y anduvo errante por el desierto de Beerseba, y le faltó el agua del odre, y echó al muchacho debajo de un arbusto, y se fue y se sentó enfrente, a distancia de un tiro de arco, porque decía: No veré cuando el muchacho muera. Y cuando ella se sentó enfrente, el muchacho alzó su voz y lloró. Y oyó Dios la voz del muchacho, y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas, porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. Levántate, alza al muchacho y sostenlo con tu mano, porque yo haré de él una gran nación.
Entonces Dios le abrió los ojos, Y vio una fuente de agua, y fue y llenó el odre de agua, y dio de beber al muchacho. Génesis 21:14-19.
No pude evitar llorar después de leer esto. Dios sabía exactamente cómo me sentía y me decía que no temiera, que él tenía el control de la vida de mi hija y que él cumpliría su propósito en ella a pesar de lo que estaba sucediendo. Dios me decía que me quedara quieta.
No fue la palabra que mi esposo me dijo, fue una palabra del mismo Dios la que pudo realmente hacer un cambio en mi corazón para poder tomar una decisión tan difícil. Y así fue como pudimos, tanto mi esposo y yo, quedarnos quietos. Incluso hasta nos quedamos dormidos porque sabíamos que mientras permanecíamos quietos y en obediencia Dios peleaba la batalla por nosotros. Cuando despertamos, a la niña se le había quitado la fiebre y después pudimos llevarla al hospital donde pudo mejorar a los pocos días.
La Quietud como una Acción de Confianza Absoluta
Quiero que entiendas en este punto que esto no es algo que yo recomiende que hagas. Si tu hijo o hija están gravemente enfermos, no debes esperar y quedarte quieto. A menos que Dios directamente te lo esté diciendo. Lo importante aquí es que tengas la actitud que tuvo el rey Josafat: Dios, yo no puedo, ¿Qué hago? Solo tú puedes ayudarme.
Y muchas veces la respuesta de Dios es que te quedes quieto, que veas la salvación tan grande que él hará por ti en medio de tus batallas y tus luchas, que veas la victoria que te dará a pesar de tus miedos y tus dudas. Otras veces quizás te dará instrucciones que tengan que ver con acciones físicas, aunque en este caso la acción de quedarse quieto tiene que ver con la fe, una acción de confianza en aquel que tiene el control de todas las cosas. El creador de los cielos y de la tierra.
Así que antes de salir corriendo a hacer algo que no sabes si debes hacer, lo mejor siempre es preguntarle a Dios, y puede ser que él con todo su amor te diga: quédate quieto y verás la gran victoria que tengo para ti.
Conclusión: Conocer a Dios en medio del Silencio
Estad quietos y conoced que yo soy Dios. Seré exaltado entre las naciones, enaltecido seré en la tierra. Salmos 46:10
